INSTITUTO DIOCESANO DE TEOLOGIA PARA LAICOS JUAN PABLO II

¿QUÉ ES Y CÓMO SURGE EL INSTITUTO DE TEOLOGÍA PARA LAICOS JUAN PABLO II?

Es una institución creadora de cultura. Es un proyecto de la Diócesis de Tilarán – Liberia que tiene como finalidad ofrecer espacios de formación teológico-pastoral a los agentes de pastoral –particularmente laicos-; a través de un plan de estudios planteado como un proceso sistemático, orgánico, formal y con grandes esfuerzos por mantener un alto nivel académico.

La iniciativa nace en el proceso de planeamiento pastoral realizado por la Diócesis en el año 2005, con un clamor muy sentido entre laicos y sacerdotes en las asambleas diocesanas encaminadas a la planificación pastoral. Además, la iniciativa nace de la necesidad de más y mayor formación y formación permanente para todos los agentes de pastoral de la Diócesis. Sentimiento que queda plasmado en el Plan Global “Queremos ver al Señor”, 2005-2009.

El proyecto es asignado por el Señor Obispo a la Comisión Diocesana de Laicos, quienes inician el proceso para ponerlo por obra. Entre una dificultad y otra el tiempo corría y el Instituto no lograba concretarse, hasta que Monseñor “mete el acelerador” y es así como en el año 2005, en el mes de Agosto, concretamente 17 de Agosto-05, con el P. Armando Hernández como Director General y con Gregorio Quesada en la Vicaría de Liberia; Olman Gutiérrez en la Vicaría de Tilarán y Jorge Luis Arias en la Vicaría de Nicoya, junto al resto de la Comisión Diocesana de Laicos, abre por primera vez sus puertas el Instituto Diocesano de Teología para Laicos Juan Pablo II, dividido –entonces- en tres Sedes Vicariales: Liberia, Tilarán y Nicoya. En el año 2008 concluyen el Plan de Estudios el primer grupo, uno en cada una de las Sedes Vicariales, consolidándose de esta manera el añorado y acariciado proyecto de formación IDITEL Juan Pablo II.

Teniendo presente las muchas carencias que aún aquejan al Instituto; los muchos aspectos que hay que mejorar y las grandes necesidades de formación que hay que satisfacer, podemos decir con inmensa alegría, del mucho bien que hace hoy el Instituto en cada una de las Vicarías.

El Instituto –decimos desde hace tres años- es algo así como el Moisés que Dios envió al Pueblo de Israel para salvarlo de aquella humillante y vergonzosa esclavitud que sufría el Pueblo de Dios a manos del Imperio Egipcio. El Pueblo de Guanacaste y Upala, congregado en aquellas gloriosas Asambleas Diocesanas que dieron origen al Plan Global de Pastoral “Queremos ver al Señor”, 2005-2009, clamó al Señor como el Pueblo de Israel esclavo en Egipto, y así como Dios envió a Moisés para liberar a Su Pueblo, de la misma manera Dios escuchó el clamor del Pueblo guanacasteco-upaleño y les envió al IDITEL Juan Pablo II para liberarlos de esta esclavitud –igualmente humillante y vergonzosa- de la ignorancia de fe; que implica poca claridad doctrinal y desconocimiento casi total de la teología, lo que no facilita en nada la conversión y la coherencia fe y vida.

Cada creyente tiene la obligación de dar razón de su fe, pero si no me la explican –aduce el etíope- no es posible comprenderla. También el Instituto es como Felipe; éste enviado por el Espíritu a liberar de la ignorancia de la fe al etíope; el Instituto, animado por el mismo Espíritu, al Pueblo de Dios que peregrina en estas tierras diocesanas. ¡Qué grande que es Dios! Esto es el Instituto para el Pueblo guanacasteco-upaleño. Debemos valorarlo aún más, pues a los 50 años de vida de nuestra Diócesis, es un signo extraordinario de la presencia inequívoca del Dios de la Vida y de la Historia, que quiere que su Pueblo camine hacia la meta definitiva; pero mientras tanto, aquí y ahora, que sea “sal y luz”, que sólo se logra con una empeñosa formación doctrinal, teológica, bíblica, que se hace necesaria después de haber recibido el impacto del primer anuncio de Jesucristo, el Señor; formación que debe necesariamente desembocar en un profundo sentido de pertenencia a la Iglesia, que provoca como dimensión indispensable, la vida comunitaria, la vida celebrativa, el compromiso con la caridad y el estado permanente de la misión.

FINES Y ORGANIZACIÓN DEL IDITEL JUAN PABLO II

El Instituto tiene como fin primero y último la formación general básica en el campo teológico y pastoral de los laicos de la Diócesis, sin renunciar a las posibilidades de ofrecer cursos de especialización en los distintos campos de la teología y de la pastoral. En primera instancia y como prioridad se dirige la oferta a los agentes de pastoral que realizan labores en cada una de las parroquias –particularmente- catequistas; ministros extraordinarios de la Eucaristía; animadores y responsables de los grupos, movimientos y asociaciones de laicos, responsables de las pequeñas comunidades eclesiales tanto urbanas como rurales; responsables y animadores de las áreas específicas de pastoral; sin excluir todo laico interesado en abordar temas teológicos y pastorales, por razones de cultura general o por inquietudes personales, incluyendo la inquietud vocacional.

La oferta no incluye promesas de títulos ni de trabajos asalariados, pero sí el reconocimiento por parte de la Diócesis de las materias cursadas y aprobadas como garantía del nivel de formación adquirida. No se descarta la posibilidad que en el futuro la Universidad Católica pueda reconocer créditos y algún nivel académico para aquellos que tengan los requisitos pertinentes, como el Bachillerato en Secundaria. Tampoco es un Plan de Estudios para ser Docentes en Educación Religiosa ni la sustituye como carrera universitaria. Queda además –como se señaló anteriormente- abierta la posibilidad de ofertar cursos de especialización para los que completan el Plan de Estudios, en los diferentes campos especialmente de la Pastoral, como Catequesis, Pastoral Familiar, Pastoral Juvenil, Pastoral Educativa, Misionología, Liturgia, Administración Parroquial, etc.

El Plan de Estudios se compone de VII niveles (o “semestres”) con 5 cursos hasta el VI nivel, con carácter orgánico y sistemático que van de menor a mayor dificultad. El VII nivel corresponde a la elaboración de un trabajo final o “trabajo de campo”, con carácter práctico y de síntesis de todo el Plan de Estudios y que además tenga alguna utilidad tanto para el quehacer del Instituto como para la vida de la Diócesis. Sin embargo no hay requisitos académicos indispensables para matricularse en los cursos, excepto el sincero deseo de formarse para servir mejor e ir llevando el proceso propuesto en el Plan de Estudios.

Cada período de clases o “semestre” inicia –el primer período- el primer Sábado de Febrero y concluye el último Sábado de Junio, luego el segundo período inicia el primer Sábado de Agosto y termina el último Sábado de Noviembre; cada período se compone de 18 sesiones de trabajo que inicia a las 7:00am con rezo de los Laudes y concluye a las 3:30pm, los días Sábados; con el siguiente horario:

7:00 am a 7:20 am Laudes.

7:20 am a 7:40 am Desayuno.

7:40 am a 9:00 am 1ª Sesión.

9:05 am a 10:25 am 2ª Sesión

10:30 am a 11:50 am 3ª Sesión.

11:50 am a 12:30 am Almuerzo y descanso.

12:30 pm a 1:50 pm 4ª Sesión.

2:00 pm a 3:30 pm 5ª Sesión.

Con relación a los costos económicos -por un error de Mons. Victorino- se estableció la suma de ¢1.000.oo (Mil colones) de matrícula y ¢500.oo (Quinientos colones) mensuales con la siguiente nota: “si alguno no puede pagarlos que lo asuma la Parroquia y si la Parroquia no puede o no quiere, que lo asuma el Obispo”; para decir, que por razones económicas nadie deje de formarse si hay verdaderos deseos de hacerlo. Sin embargo, cada Sede en coordinación con la Dirección General del Instituto, puede establecer montos superiores, no inferiores.

En cuanto al funcionamiento y organización del Instituto, se estableció que haya una Sede en cada una de las Vicarías y que cada Sede tenga un Director y un Coordinador de Sede, necesidad que surge en la vida práctica del Instituto, cada uno con sus respectivas funciones que se van estableciendo con la práctica y la experiencia (ver Documento sobre “Directrices. Orientaciones”). Que el cuerpo de profesores esté idealmente formado por los Presbíteros y Diáconos de la Diócesis y de algunos Laicos con preparación académica en la disciplina a la que pertenece el curso que ofrecería; que su trabajo se realiza bajo el concepto de “trabajo voluntario”, lo mismo que el de los Directores y Coordinadores de Sede y el Director General. Por propio oficio tanto los Vicarios Generales como los respetivos Vicarios Foráneos vigilarán celosamente el correcto funcionamiento y la sana doctrina del Instituto; el Obispo es el primer responsable.

P. Eduardo Antonio Abarca Leiva, DIRECTOR. Octubre 2009.